
Es extraño.
Cuando se miran fotos de otros sitios, sitios lejanos, exóticos y mágicos; uno obvia lo malo. Como si dentro de los colores que componen la foto existiera otro mundo, una realidad paralela completamente ajena a la nuestra.

Podemos olvidar lo feo, lo desagradable, los pequeños detalles que, al final, lo hacen real. Vemos en ellas una verdad alterna, una fantasía basada únicamente en el ideal del "no-es-aquí"

Cuando no se es parte de una realidad, cuando la vemos de lejos, cuando el día a día no hace los pies pesados y el levantarse a enfrentarla no es una labor titánica, todo parece más hermoso.

Parecemos niños pequeños, inocentemente creyéndonos el cuento de la fantasía exótica vendida por la distancia. Cuando se está lo suficientemente lejos, los detalles parecen triviales, inútiles. Cuando no estamos chapoteando para evitar ahogarnos en las calles llenas de basura y vendedores ambulantes, todo eso parece... hermoso.
Creo que sería más feliz si fingiera vivir en otro sitio y mirar Caracas con ojos de extranjero.

Creo que lo llamaré turismo imaginario
Caracas is so beautiful.
Caracas é tão gira.
Caracas est tellement jolie.

Fotos sacadas de aquí mismito, tomadas por Bambú
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