sábado, 29 de marzo de 2008
Quisiera que un río de blancas aguas me lavase el cuerpo y el alma, que se llevase todas mis memorias. No quiero ninguna.
A veces quisiera despertar lejos, muy lejos. Ser niño de nuevo y comenzar a vivir en alguna parte lejana, desconocida. Tomar con mis juveniles manos las ramas de algún árbol y construir de nuevo.
A veces quisiera tomar una piedra y formar ondas en un lago, que crecieran, crecieran inmensidades y se llevasen las casas, los edificios, las fábricas, las tiendas, los autos, las estatuas, los museos, las bibliotecas, los centros comerciales, todos los cuerpos estáticos de piedra y vidrio que se levantan sus titánicos cuerpos, reventando los cielos e insultándonos con su ególatra presencia.
A veces quisiera dejar de pensar. Simplemente acostarme y dejarme llevar por los ríos de la vida, esperando que me depositasen en alguna orilla amable, en la que los ojos de las personas no estuvieran nublados por tanta falsa identidad.
A veces me gustaría desvanecerme de repente, y así ser noche fría y nada más.
viernes, 21 de marzo de 2008
Si me disculpan...
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
RRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR
RRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR
HHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG
GGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG
TEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIO
TEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIO
TEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIO
TEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIO
Ah ¿por qué no me siento mejor?
domingo, 2 de marzo de 2008
martes, 26 de febrero de 2008
miércoles, 20 de febrero de 2008
La práctica de la jardinería en los asteroides (De los baobabs y otras hierbas)
“Cada día me enteraba de algo nuevo sobre el planeta, sobre la salida, sobre el viaje. Poco a poco iba mostrándose, al azar de las reflexiones. Y así fue como, al tercer día, conocí el drama de los baobabs”
El Principito
Capítulo V
¿Cuál, de todos los males que pueden aquejar al pequeño asteroide B612, puede ser más peligroso y permanente que el terror de los baobabs?
El baobab, un árbol de raíces profundas, tronco voluminoso y ramas retorcidas que podía, fácilmente, destrozar un planetita como el de nuestro pequeño viajero si solamente se le dejase crecer. Esto es, sinceramente, el mayor peligro que podía enfrentar el hogar del Principito.
Por supuesto, todo esto podía ser evitado -el horror vegetal y la amenaza arbórea- si, con cuidado cercano y repetitivo, se realiza todas las mañanas la limpieza del planeta: la toilette du planet. Para ello, el pequeño príncipe debía levantarse todas las mañanas y dedicarse a arrancar todos los brotes de baobab de la tierra mientras era posible, mientras fueran los suficientemente pequeños para ser arrancadas con facilidad.
Por esto, de todas las tareas que el Principito debía hacer en el planeta, ésta era una de las que no podía dejarse para luego.
Sin embargo no todo lo que crecía en el asteroide B612 era un terrible peligro, una amenaza que debía ser echada abajo con prontitud. También crecían plantas buenas, plantas que podían dejarse crecer sin temor, plantas que embellecerían el planeta (como
(…)Y si un baobab no se agarra a tiempo, ya no es posible liberarse de él jamás. Atasca todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño, y los baobabs demasiado grandes, lo hacen estallar.
Todo esto no nos dice sino la importancia de ese acto, de esa suerte de ritual que nuestro «petit bonhomme» realizaba sin falta.
Pero, como es de costumbre, en El Principito, cada palabra abre un mundo a nuevas ideas, y cada una puede ser interpretada y reinterpretada de muchas maneras.
En el quinto capítulo del relato, Antoine de Saint-Exupéry aparentemente adopta un poco el rol de un narrador moralista, que pretende aleccionarnos sobre el peligro de la pereza, de la falta de responsabilidad.
Pero, eso no es todo lo que se transpira del pequeño relato del peligro de los baobabs.
Más allá de lo aparente, debajo de la capa moral sobre la dedicación al trabajo, se encuentra un tema apremiante, que quizás justifique el sentimiento de urgencia del que habla Saint-Exupéry y que, tal vez más importante, ubique al capítulo en el contexto general del libro.
La semilla dentro de la tierra crece escondida al ojo desnudo, crece oculta en el manto protector de la tierra fértil. Se desarrolla y sale mostrando sus brotes a la luz y, si se desea, se puede dejarlo crecer y ser, para que tenga presencia en la tierra visible.
Este concepto, de la semilla, de la tierra, de la vida como un jardín, no es nada nuevo. Puede ser visto ya en
Más aún, ese concepto de que existen semillas buenas y semillas malas, semillas que deben crecer y cuidadas, y semillas que si son dejadas desarrollarse pueden resultar dañinas: si las “malas hierbas” son dejadas crecer, pueden luego convertirse en obstáculos insuperables, imposibles de remover, y al final podrían ser la causa de la propia destrucción.
Esa idea del laisser faire, del dejar hacer o dejar ser, está bien expuesta en El Principito. Si algo es malo, si algo puede causar problemas, si algo está “mal” (tomando mal en el concepto de posiblemente perjudicial), si algo es potencialmente dañino, ¿no es lo más lógico tomarlo cuando es manejable y reparar el daño, literalmente, cortándolo de raíz?
Es en esa idea en la que está basada el relato. En el tomar lo que está “mal” desde que es joven, desde que puede ser manejado y alterado, para que no se convierta en un inconveniente.
Pero hay más, Saint-Exupéry no se refería a cualquier cosa dañina. Cuando utiliza la imagen de la semilla, habla de algo mucho más cercano al humano, algo más germinal. Pensemos por un instante en la semilla. Es algo que se desarrolla y crece desde adentro de la tierra, escondida, oculta. La semilla, para crecer, debe penetrar en la tierra, desde adentro, volver a surgir como algo nuevo.
Todo esto nos hace pensar que en que en El Principito, no se habla de un mal externo que puede hacernos daño, no es un agente exterior que cae sobre nosotros por cualquier razón y nosotros (oh, pobres nosotros) debemos defendernos de ese mal. No.
El autor usa conscientemente la imagen de la semilla, del brote que crece tímidamente para luego convertirse en algo más (que puede ser tanto un baobab o una rosa, por ejemplo) Está claro que se trata de un peligro interno, algo que puede crecer dentro de nosotros mismos, algo que existe dentro de nuestros pechos, dentro de nuestras mentes y de nuestros corazones que, si es dejado crecer y desarrollarse sin que nosotros lo detengamos, puede ser perjudicial para nosotros mismos.
El temor más grande del Principito (después del perder a su flor) es que algo desde el interior del asteroide lo destruya. Y es así: el temor más grande que podemos tener es, que si dejamos nuestros propios corazones a la deriva, si dejamos que nuestras mentes se conviertan en un cubil, si no prestamos atención a lo que tenemos en el interior, todo lo malo que puede surgir puede luego convertirse en algo dificilísimo de lo que deshacernos, y al final puede incluso destruirnos. Malos hábitos, costumbres perjudiciales, características que pueden ser obstáculos para nuestro desarrollo; todas esas cosas pueden ser consideradas malas hierbas.
Es eso lo apremia tanto al Aviador, referirnos a la idea del cuidado espiritual, si queremos darle un nombre.
Pero, la labor del Principito no está sólo en deshacerse de las malas plantas, sino en crear un ambiente propicio para que las plantas beneficiosas o hermosas puedan desarrollarse sin problemas. Nuestro protagonista debe cuidar de
Y es que de eso se trata el capítulo: Es estar siempre vigilante, deshacerse de eso que puede convertirse en un problema, en eso que puede destruirnos (si no totalmente, por lo menos en parte) antes de que sea demasiado tarde; pero también debemos crear un contexto en el que las buenas hierbas puedan desarrollarse, crecer, y ofrecernos sus beneficios.
Para hacer una referencia literaria un tanto alejada, tanto en tono como en estilo, pero con la intención de ofrecer un contraste, podemos tomar el ejemplo del personaje de Alex en el libro
Ahora, viendo todo esto, ¿podemos pensar que la (casi) parábola de los baobabs habla de un simple relato moralista, ajeno al libro, sobre los peligros de la pereza o de la indisciplina? Pues, no. Porque es mucho, mucho más.
Este capítulo nos transmite más bien algo que está en sintonía con el resto del relato. El Principito, en su categoría de ser casi un viaje constante, nos habla sobre el crecimiento, el desarrollo, la maduración de los personajes mas siempre manteniendo ese niño interior, esa mente abierta. Todo el relato es aprendizaje, tanto del Principito que viaja por el espacio conociendo y aprendiendo, y el Aviador que aprende del Principito.
Por eso, si tomamos al capítulo como una metáfora al aprendizaje (el tomar lo que nos es útil dentro de nosotros mismos y maximizarlo, a la vez que desterramos lo que nos es dañino mientras es temprano) si tomamos esta historia como una explicación sencilla y poética de lo que debemos hacer para evitar el convertirnos en seres desagradables que sólo discuten de corbatas y de política, a la par que son infelices sin saber por qué, habremos entendido el mensaje de Exupéry, y todo tendrá sentido.
Podremos, por fin, entender por qué el Aviador puso tanto énfasis y amor al dibujo de los baobabs: “Descubran sus buenas semillas, háganlas crecer. Descubran sus malas semillas, desháganse de ellas mientras puedan”
Es posible que, en realidad, todos necesitamos que nos dibujen corderos que coman baobabs.
Me da rabia que no entre todos los días a escribir para ustedes, oh público imaginario. Así que, siguiendo mis impulsos de mostrarles lo que pasa en mi mente a cada momento y, tal vez en esa total desnudes de la mente, pueda entenderme más a mí mismo... la voz racional de mi cabeza me dice "Bordel mec, c'est la pire chose que tu peux faire!".
Sí, la voz racional de mi cabeza me habla en francés. Pedante maldito.
Bien, voy a publicar lo que sea. Así que, de ahora en adelante, verán cada tontería inconclusa que tenga en la mente. Ahora, pasaré la serie "TRABAJOS ESCOLARES", los trabajos que entrego en la universidad (ah, estudio idiomas modernos en la Universidad Central de Venezuela, mucho gusto y adiós) para su placer y diversión... HAHAHAHAHAHHAHAH.
El próximo post será "La práctica de la jardinería en los asteroides", escrito para la cátedra de Lengua Española el 30 de enero de 2008.
Disfrútenlo
martes, 19 de febrero de 2008
Desde el fondo de este corazón, lo siento.
Te tengo olvidado, lector.
Lo siento.
2 meses es mucho tiempo para los ojos y para el alma, 2 meses ven ir y venir generaciones sobre páginas y páginas (aunque sean digitales)
Lo siento, te he despreciado, toda una vida te he despreciado.
Toda una vida te he dejado sin verme.
Lo siento.
Pero he vuelto, después de tanto tiempo he vuelto.
Ahora puedes verme a los ojos y decirme que no existes.
¿Qué cursi no?
Pues sí, chicos y chicas, después de tanto tiempo mirándole la cara al tiempo, regreso.
No se paren a aplaudir, por favor.


