sábado 29 de marzo de 2008

A veces quisiera vaciar mi mente y comenzar de nuevo.
Quisiera que un río de blancas aguas me lavase el cuerpo y el alma, que se llevase todas mis memorias. No quiero ninguna.

A veces quisiera despertar lejos, muy lejos. Ser niño de nuevo y comenzar a vivir en alguna parte lejana, desconocida. Tomar con mis juveniles manos las ramas de algún árbol y construir de nuevo.

A veces quisiera tomar una piedra y formar ondas en un lago, que crecieran, crecieran inmensidades y se llevasen las casas, los edificios, las fábricas, las tiendas, los autos, las estatuas, los museos, las bibliotecas, los centros comerciales, todos los cuerpos estáticos de piedra y vidrio que se levantan sus titánicos cuerpos, reventando los cielos e insultándonos con su ególatra presencia.

A veces quisiera dejar de pensar. Simplemente acostarme y dejarme llevar por los ríos de la vida, esperando que me depositasen en alguna orilla amable, en la que los ojos de las personas no estuvieran nublados por tanta falsa identidad.

A veces me gustaría desvanecerme de repente, y así ser noche fría y nada más.

viernes 21 de marzo de 2008

Si me disculpan...

... voy a gritar de la rabia que siento ahora:
AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
RRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR
RRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR
HHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG
GGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGGG
TEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIO
TEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIO
TEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIO
TEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIOTEODIO


Ah ¿por qué no me siento mejor?

domingo 2 de marzo de 2008

Cuando tienes que hacer una exposición...

...es mejor comenzar con una buena imagen.

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martes 26 de febrero de 2008

Lo que hace la ladilla

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miércoles 20 de febrero de 2008

La práctica de la jardinería en los asteroides (De los baobabs y otras hierbas)

“Cada día me enteraba de algo nuevo sobre el planeta, sobre la salida, sobre el viaje. Poco a poco iba mostrándose, al azar de las reflexiones. Y así fue como, al tercer día, conocí el drama de los baobabs”

El Principito

Capítulo V

¿Cuál, de todos los males que pueden aquejar al pequeño asteroide B612, puede ser más peligroso y permanente que el terror de los baobabs?

El baobab, un árbol de raíces profundas, tronco voluminoso y ramas retorcidas que podía, fácilmente, destrozar un planetita como el de nuestro pequeño viajero si solamente se le dejase crecer. Esto es, sinceramente, el mayor peligro que podía enfrentar el hogar del Principito.

Por supuesto, todo esto podía ser evitado -el horror vegetal y la amenaza arbórea- si, con cuidado cercano y repetitivo, se realiza todas las mañanas la limpieza del planeta: la toilette du planet. Para ello, el pequeño príncipe debía levantarse todas las mañanas y dedicarse a arrancar todos los brotes de baobab de la tierra mientras era posible, mientras fueran los suficientemente pequeños para ser arrancadas con facilidad.

Por esto, de todas las tareas que el Principito debía hacer en el planeta, ésta era una de las que no podía dejarse para luego.

Sin embargo no todo lo que crecía en el asteroide B612 era un terrible peligro, una amenaza que debía ser echada abajo con prontitud. También crecían plantas buenas, plantas que podían dejarse crecer sin temor, plantas que embellecerían el planeta (como la Rosa). Así que el asteroide en el que el Principito vivía y veía sus cuarenta y tres puestas de sol, tenía plantas buenas y plantas malas, así como semillas buenas y semillas malas. Las buenas, eran para dejar crecer y desarrollarse y las malas, para ser desterradas para evitar la destrucción de su hogar.

(…)Y si un baobab no se agarra a tiempo, ya no es posible liberarse de él jamás. Atasca todo el planeta. Lo perfora con sus raíces. Y si el planeta es demasiado pequeño, y los baobabs demasiado grandes, lo hacen estallar.

Todo esto no nos dice sino la importancia de ese acto, de esa suerte de ritual que nuestro «petit bonhomme» realizaba sin falta.

Pero, como es de costumbre, en El Principito, cada palabra abre un mundo a nuevas ideas, y cada una puede ser interpretada y reinterpretada de muchas maneras.

En el quinto capítulo del relato, Antoine de Saint-Exupéry aparentemente adopta un poco el rol de un narrador moralista, que pretende aleccionarnos sobre el peligro de la pereza, de la falta de responsabilidad.

Pero, eso no es todo lo que se transpira del pequeño relato del peligro de los baobabs.

Más allá de lo aparente, debajo de la capa moral sobre la dedicación al trabajo, se encuentra un tema apremiante, que quizás justifique el sentimiento de urgencia del que habla Saint-Exupéry y que, tal vez más importante, ubique al capítulo en el contexto general del libro.

La semilla dentro de la tierra crece escondida al ojo desnudo, crece oculta en el manto protector de la tierra fértil. Se desarrolla y sale mostrando sus brotes a la luz y, si se desea, se puede dejarlo crecer y ser, para que tenga presencia en la tierra visible.

Este concepto, de la semilla, de la tierra, de la vida como un jardín, no es nada nuevo. Puede ser visto ya en la Biblia, en el relato del Génesis. El mundo como jardín, habiendo tantas cosas buenas como cosas malas. Cosas buenas que podían ser disfrutadas y apreciadas, y cosas malas que debían ser evitadas. Este concepto de que en el mundo las cosas crecen y se desarrollan y nosotros, los seres pensantes, debemos discernir “las buenas plantas” de las “malas plantas”. Es parte de nuestra responsabilidad, de nuestra elección como seres humanos.

Más aún, ese concepto de que existen semillas buenas y semillas malas, semillas que deben crecer y cuidadas, y semillas que si son dejadas desarrollarse pueden resultar dañinas: si las “malas hierbas” son dejadas crecer, pueden luego convertirse en obstáculos insuperables, imposibles de remover, y al final podrían ser la causa de la propia destrucción.

Esa idea del laisser faire, del dejar hacer o dejar ser, está bien expuesta en El Principito. Si algo es malo, si algo puede causar problemas, si algo está “mal” (tomando mal en el concepto de posiblemente perjudicial), si algo es potencialmente dañino, ¿no es lo más lógico tomarlo cuando es manejable y reparar el daño, literalmente, cortándolo de raíz?

Es en esa idea en la que está basada el relato. En el tomar lo que está “mal” desde que es joven, desde que puede ser manejado y alterado, para que no se convierta en un inconveniente.

Pero hay más, Saint-Exupéry no se refería a cualquier cosa dañina. Cuando utiliza la imagen de la semilla, habla de algo mucho más cercano al humano, algo más germinal. Pensemos por un instante en la semilla. Es algo que se desarrolla y crece desde adentro de la tierra, escondida, oculta. La semilla, para crecer, debe penetrar en la tierra, desde adentro, volver a surgir como algo nuevo.

Todo esto nos hace pensar que en que en El Principito, no se habla de un mal externo que puede hacernos daño, no es un agente exterior que cae sobre nosotros por cualquier razón y nosotros (oh, pobres nosotros) debemos defendernos de ese mal. No.

El autor usa conscientemente la imagen de la semilla, del brote que crece tímidamente para luego convertirse en algo más (que puede ser tanto un baobab o una rosa, por ejemplo) Está claro que se trata de un peligro interno, algo que puede crecer dentro de nosotros mismos, algo que existe dentro de nuestros pechos, dentro de nuestras mentes y de nuestros corazones que, si es dejado crecer y desarrollarse sin que nosotros lo detengamos, puede ser perjudicial para nosotros mismos.

El temor más grande del Principito (después del perder a su flor) es que algo desde el interior del asteroide lo destruya. Y es así: el temor más grande que podemos tener es, que si dejamos nuestros propios corazones a la deriva, si dejamos que nuestras mentes se conviertan en un cubil, si no prestamos atención a lo que tenemos en el interior, todo lo malo que puede surgir puede luego convertirse en algo dificilísimo de lo que deshacernos, y al final puede incluso destruirnos. Malos hábitos, costumbres perjudiciales, características que pueden ser obstáculos para nuestro desarrollo; todas esas cosas pueden ser consideradas malas hierbas.

Es eso lo apremia tanto al Aviador, referirnos a la idea del cuidado espiritual, si queremos darle un nombre.

Pero, la labor del Principito no está sólo en deshacerse de las malas plantas, sino en crear un ambiente propicio para que las plantas beneficiosas o hermosas puedan desarrollarse sin problemas. Nuestro protagonista debe cuidar de la Rosa, darle de beber y darle un contexto en el que pueda desarrollarse sin problemas.

Y es que de eso se trata el capítulo: Es estar siempre vigilante, deshacerse de eso que puede convertirse en un problema, en eso que puede destruirnos (si no totalmente, por lo menos en parte) antes de que sea demasiado tarde; pero también debemos crear un contexto en el que las buenas hierbas puedan desarrollarse, crecer, y ofrecernos sus beneficios.

Para hacer una referencia literaria un tanto alejada, tanto en tono como en estilo, pero con la intención de ofrecer un contraste, podemos tomar el ejemplo del personaje de Alex en el libro La Naranja Mecánica, escrito por Anthony Burgess. Este chico simplemente se regodeaba en la violencia (o ultraviolencia, como él la llamaba) dejando florecer siempre el lado oscuro de su personalidad. En un pasaje del libro Alex encuentra a un vagabundo, y su primer deseo fue el golpearlo hasta dejarlo inconsciente. Alex, por consecuencia de sus actos terminó en prisión, siendo sólo un chico de 15 años. Pero la vida en prisión no lo cambió, al contrario, en ella halló el ambiente propicio para seguir cultivando esas actitudes antisociales que causaron su caída. Esto se ve cuando golpea a un prisionero molesto, hasta matarlo. Aquí podemos ver la consecuencia de eso de lo que se habla en El Principito. Alex había dejado crecer esa mala semilla dentro de sí, y cuando el brote de esa actitud perniciosa surgió, no la descartó. Al contrario, la alimentó hasta que fue imposible retirarla, y ese deseo de ultraviolencia sigue con él hasta el desenlace de la obra, en el que logra deshacerse de él a un gran costo.

Ahora, viendo todo esto, ¿podemos pensar que la (casi) parábola de los baobabs habla de un simple relato moralista, ajeno al libro, sobre los peligros de la pereza o de la indisciplina? Pues, no. Porque es mucho, mucho más.

Este capítulo nos transmite más bien algo que está en sintonía con el resto del relato. El Principito, en su categoría de ser casi un viaje constante, nos habla sobre el crecimiento, el desarrollo, la maduración de los personajes mas siempre manteniendo ese niño interior, esa mente abierta. Todo el relato es aprendizaje, tanto del Principito que viaja por el espacio conociendo y aprendiendo, y el Aviador que aprende del Principito.

Por eso, si tomamos al capítulo como una metáfora al aprendizaje (el tomar lo que nos es útil dentro de nosotros mismos y maximizarlo, a la vez que desterramos lo que nos es dañino mientras es temprano) si tomamos esta historia como una explicación sencilla y poética de lo que debemos hacer para evitar el convertirnos en seres desagradables que sólo discuten de corbatas y de política, a la par que son infelices sin saber por qué, habremos entendido el mensaje de Exupéry, y todo tendrá sentido.

Podremos, por fin, entender por qué el Aviador puso tanto énfasis y amor al dibujo de los baobabs: “Descubran sus buenas semillas, háganlas crecer. Descubran sus malas semillas, desháganse de ellas mientras puedan”

Es posible que, en realidad, todos necesitamos que nos dibujen corderos que coman baobabs.


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Me da rabia.
Me da rabia que no entre todos los días a escribir para ustedes, oh público imaginario. Así que, siguiendo mis impulsos de mostrarles lo que pasa en mi mente a cada momento y, tal vez en esa total desnudes de la mente, pueda entenderme más a mí mismo... la voz racional de mi cabeza me dice "Bordel mec, c'est la pire chose que tu peux faire!".
Sí, la voz racional de mi cabeza me habla en francés. Pedante maldito.
Bien, voy a publicar lo que sea. Así que, de ahora en adelante, verán cada tontería inconclusa que tenga en la mente. Ahora, pasaré la serie "TRABAJOS ESCOLARES", los trabajos que entrego en la universidad (ah, estudio idiomas modernos en la Universidad Central de Venezuela, mucho gusto y adiós) para su placer y diversión... HAHAHAHAHAHHAHAH.
El próximo post será "La práctica de la jardinería en los asteroides", escrito para la cátedra de Lengua Española el 30 de enero de 2008.
Disfrútenlo

martes 19 de febrero de 2008

Lo siento.
Desde el fondo de este corazón, lo siento.

Te tengo olvidado, lector.
Lo siento.

2 meses es mucho tiempo para los ojos y para el alma, 2 meses ven ir y venir generaciones sobre páginas y páginas (aunque sean digitales)

Lo siento, te he despreciado, toda una vida te he despreciado.
Toda una vida te he dejado sin verme.

Lo siento.

Pero he vuelto, después de tanto tiempo he vuelto.
Ahora puedes verme a los ojos y decirme que no existes.

¿Qué cursi no?
Pues sí, chicos y chicas, después de tanto tiempo mirándole la cara al tiempo, regreso.

No se paren a aplaudir, por favor.

lunes 10 de diciembre de 2007

Habitar

Esto me lo robé de algún cuento de los que se leen a veces a la medianoche, esos que normalmente te marcan de por vida o se pierden para siempre entre nubes de modorra y sueño frustrado... qué profundo.

"Habitar, para el individuo o para el grupo, es apropiarse de algo. Apropiarse no es tener en propiedad sino hacer su obra, modelarla, formarla, poner el sello propio. Habitar es apropiarse un espacio."
Una mujer por siempre jamás
Ángel Gustavo Infante

Bueno, en realidad, no.
Es una cita de Lefebvre, que Infante incluye en su cuento. No sé de dónde, no sé de cuando, no sé si importa.
Soy el citador de un citador.
Entonces, ¿cito a Lefebvre o cito a Infante?
Tampoco sé si importa.

sábado 8 de diciembre de 2007

¡DIGITAAAAAARL!

viernes 7 de diciembre de 2007

Equino

A veces el aliento quedaba lejos de la boca de la que salía, suspendiéndose en el aire alrededor de nuestras cabezas por un momento sin tiempo. Tratábamos de callar el hambre y el cansancio con el recuerdo de muerte y los rostros de amigos perdidos, pero no parecía hacer efecto alguno, aún sentíamos el ardor de la violencia en los huesos.
El silencio era uno más de nosotros y era el que más fuerte hablaba, el único que en realidad parecía estar allí en ese mar de caras cerradas por la espera.
Nadie parecía dispuesto siquiera a moverse, los músculos se agarrotaban con el peso del cuerpo y el acero,éramos estatuas de piedra fría que respiran en los templos, vivos con pinturas de guerra. Aún así, nadie se atrevía a moverse.
Afuera, afuera se oía música, algunas risas dispersas y el profundo ritmo de pies pateando la tierra, se chocaban como olas contra nuestro refugio. La fiesta sonaba dentro de nuestros pechos, limpiando nuestra ira poco a poco.
Aún, nadie decía nada.
El miedo se tornaba insoportable, imponente como un dios iracundo. Se podía saborear el pavor, el temor que nos daba de beber a tragos largos y profundos.
Y aún, aún nadie decía nada.
Las tablas se tornaban más frías y más frías. La fiesta parecía morir entre la noche y una nube sólida de silencio se hacía más y más espesa, hasta que inundó nuestros pulmones con su mudo perfume.
El miedo tenía el mismo ritmo que nuestra palpitante sangre. Ya no se oía nada sino nuestra respiración temerosa. Nos miramos todos con resignación y reconocimos nuestro destino, irrenunciable.
Lancé una cuerda por la portezuela que salía del suelo de nuestro refugio. A medida que bajábamos, recordaba mi hogar, tan lejos ahora, tan frío y muerto en el recuerdo.
Nadie se atrevía aún a romper el silencio.
Pasábamos entre calles llenas de hombres ebrios y animales destazados. Se parecían tanto a mi, se parecía tanto a mi hogar.
Nos detuvimos frente a una puerta enorme, de madera y oro trabajado que daba entrada a la ciudad. Era esto a lo que vinimos. Para esto soportamos tanto.
Por fin, alguien hizo añicos el silencio. Me tomaron por el hombro, y me aseguraron con una frase fría y casi triste:
"Ulises, Troya será destruida"
Y abrí la puerta.

sábado 24 de noviembre de 2007

A una amiga que se va

No te rías, que los dientes se pueden escapar de tu boca
No despiertes, que tus ojos tienen hambre de mundo y veredas escondidas
No te quites los zapatos, que tus pies quieren comerse la tierra verde
No te peines, que tus cabellos quieren volar en cada dirección y ahogarse en algún café con leche
No estornudes, que tus pulmones han oído de playas en Cancún
No pienses, que tu mente tiene folletos de viaje
No celebres, que tu alegría tiene pies rápidos
No te comas las uñas, que tus dedos pueden declarar la huelga
No bailes, el ritmo tiene garras y busca carne joven
No te alejes, quédate un poco más, antes que la lluvia borre el crayón con el que pintamos la noche y la juventud.

martes 13 de noviembre de 2007

Quiero ser niño

No quiero que amanezca.
Quiero cerrar los ojos fuerte y cerrar la noche entre mis pestañas.
No quiero sentir el sol.
Quiero cubrir el cielo de nubes de celuloide y frases de sintaxis suelta.
No quiero volverme sociedad.
Quiero mirarla desde arriba con ojos de extraño.
No quiero aprender.
Quiero tener agujeros en mi cabeza para llenarlos de colores.
No quiero crecer.
Quiero llenar el piso de vidrio y reventarle los neumáticos al tiempo; tal vez el sol deje de quemar un día tras otro sin detenerse.
No quiero morir.
Quiero quedarme hasta comer la última fruta de este árbol.

Me parece que se llama tiempo, que arrastra, que lleva, que seduce.

Crecer es todo lo que nos queda al final, ¿no?

domingo 11 de noviembre de 2007

Livia (en français)

Il pleuvait. Les gouttes d’eau tombaient comme des petites granades froides lancées dès les nuages.

Je suis arrivé à temps, mais je ne la voyais nulle part. Je ne parlais pas avec elle dès les temps de la fac, les études et la mer de livres. Mais je pensais à elle tout le temps, je ne pouvais pas l’oublier.

Je me suis assis devant une table du café, et ma imagination a commencé à voyager.

Elle, elle s’appelle Livia. La première fois que je l’ai vue, le temps s’est arrêté, comme s’il était une voiture sans une goutte d’essence. Elle était une rêve vivante, ses cheveux châtains et ses yeux du couleur de la Lune, sa peau blanche, brulée par des petites taches marrones qui remplissaient ses épaules, je peux encore rappeler son sourire, son beau sourire de perles carrées.

"Es-tu éveillé?" Sa voix m’a tiré de mes chimères.

Elle était complètement changée. Le feu froid de ses yeux s’est éteint il y a longtemps.

"Je me suis pacsée avec Paul, notre ami à la fac, tu te rappeles, non?" Ah, voilà, la reponse.

"Nous vivons ensemble à Lyon, où nous nous sommes élevés" Ses yeux éteints me voyaient fixement, sans vie ; je regrettais son sourire de perles carrées.

"Nous pensons à nous marier. Tu es invité, biensûr" Sa voix monotone remplissait le café où nous nous sommes retrouvés.

À mon avis, je suis toujours amoreux d’elle ; elle a toujours été ma femme, ma épouse. Je me suis marié avec elle la première fois que je l’ai vue. Tout à coup, avec cette Livia, je me sentais vieuf.

"Je n’ai jamais pensé que je irais me devenir une femme au foyer. Alors, nous pensons à adopter une petite fille, nous aimons bien cette idée. Qu’est-ce que tu penses ?"

Je ne pouvais pas parler. Le fait de l’imaginer dans une famille traditionelle, avec des enfants ; l’idée de imaginer à Livia, ma Livia, comme une personne âgée me faisait peur. Je ne pouvais pas l’imaginer retraitée, divorcée, concubinée, pacsée... Je ne pouvais pas l’imaginer en vivant sans moi.

Je suis parti du café sans rien dire et j’ai couru chez moi. Je me suis tombé sur ma lit avec Livia, ma Livia, cela qui vit dans mon coeur, la Livia du sourire de perles carrées et de la peau brulée par des petites taches marrones; pendant que les grenades d’eau continuaient à exploser dehors.

viernes 9 de noviembre de 2007

Reloj roto

Creo que mi reloj estaba malo, se me caían las horas por los agujeros de los bolsillos y los pateaba por el piso. Allá rodaban como metras escapadas los segundos, los momentos, las memorias que creía se llenaban de polillas en algún rincón de mi mente. Creo que pisé un minuto, qué asco.
La habitación se llenaba de tiempo y memoria, los momenticos del pasado que llegaban y se evaporaban como hielo en una sartén se pegaban a las paredes e impregnaban las paredes de olores a café en mañanero y del shampoo que usaba esa chica que me gustaba en la escuela; olía a lilas.
Mi mente comenzaba a ahogarse en las horas, en los ratos pasados comiendo peras y leyendo a Cortázar; en los oscuros momentos de deleite etílico en rincones llenos de música; los segundos de valentía antes de dormir; en los minutos de terror oxidados antes de meterme a la ducha. Mi espíritu se emborracha, el reloj sigue roto, las manecillas daban vueltas al azar, avanzaban y retrocedían, avanzaban y retrocedían; el tiempo se alargaba y aplastaba, se doblaba y hacía figuras con el recuerdo.
Ya nada en realidad importa, el tiempo nos llena y nos abandona, nos toma y nos deja; el tiempo es todo y el tiempo no es nada, con él se lleva la memoria y los momentos, las tardes de silencio en los porches y las horas de viva armonía en las copas de los árboles. El tiempo es todo. Y mi reloj sigue roto.

sábado 3 de noviembre de 2007

7:15 am

El sol goteaba por las rendijas de la ventana, formando pozos de luz en las sábanas llenas de sudores nocturnos y sueños madrugados.
"5, 5 minutos más" el día se me venía encima y no quería aceptarlo
"10 minutos más, igual esa profesora siempre llega tarde" justificaba mi flojera, no quería pararme y enfrentar otro día lleno de la misma vacía monotonía. monotonía. monotonía.
"Me tengo que parar, párate, cuento hasta 3 y me levanto" No estaba durmiendo, estaba tumbado sobre la almohada tratando de aprisionar el sueño entre mis párpados, aferrándome a la intensa calma de fundirme con mis pensamientos.
"¿Y qué si llego tarde? ya habrá alguien que me diga qué hicieron" No me creo mis propias mentiras. Malditas responsabilidades, pienso que sería más feliz si viviera como vagabundo, durmiendo donde cayera.
Me quité la ropa y dejo que el agua de la ducha diluya la dura realidad de hacer lo mismo todas las mañanas. todas las mañanas. todas las mañanas.
Me visto, tomo mi bolso y salgo por la puerta.
Al subir al autobús me enfrento a la rapidez citadina, una ciudad que parece odiar a los que caminan lento y se toman el tiempo en comer.
La velocidad me atropella, tomoelatuobúspagomebajotomoelmetromeespaturranloodio
quieromorirmebajollegoalauniversidadmesientoveoclasesy
contengolossueñosentremispárpadossalgorepitoyenjuago.
Llego a casa, el tiempo se detiene, la luz se va poco a poco y duermo. Duermo. Duermo.

miércoles 31 de octubre de 2007

La Historia de la nada


















... y entonces apareció algo.

sábado 27 de octubre de 2007

Sal

Me arde la sal de las heridas
me hierve la sangre de pensar
me enfermo de soñar
la sal que dejas al irte
la sal que pisas
la sal en el camino
me arde
me duele
me hace olvidar
me enferma
la sal que adereza tu ausencia

jueves 25 de octubre de 2007

Diálogo del siglo XVII

-Joder, Rodrigo. Mirad, allá en el camino

-Pero, ¿qué es eso? Parece una nuez con abrigo

-¡Y mira a su compañero! Tiene cara de gorrino

-Qué perfil de jamelgo, qué andar cansino

-Ahí viene ahora, el tío

-¡Qué agresivo!

-¿Qué no se da cuenta que somos molinos?

jueves 18 de octubre de 2007

Olafo y Pepita son cómics para idiotas

Yo leo Fábulas Pánicas
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miércoles 17 de octubre de 2007

William Duell

"El cielo sigue azul, igual que ayer" pienso tratando de no bajar la mirada. La brisa fría congelaba mi cuerpo bañado en sudor, y me llenaba de una sensación pacífica, como de esperanza.
Escucho a la multitud, con su voz animal y primitiva, llena de expectancia y excitación; no me atrevo a mirarlos, sé por qué están ahí, y ellos saben a lo que vinieron.
El tiempo pasa lento, los segundos se alargan en pequeñas eternidades. Ya nada más me importa, que todo acabe pronto, no importa nada más.
"El cielo sigue azul... ¿así termina todo?"
Las personas ahora gritan más fuerte, más y más alto hasta que el eco llena la plaza donde estamos reunidos. El ambiente se siente cargado y tenso, lleno de gran emoción.
"Nada ha cambiado" grito, cuando el verdugo abre la escotilla del cadalso.
No he muerto aún, mi cuello no se rompió todavía. Veo figuras extrañas, seres de luz mirándome fijamente y peces que cantan. Creo que es la falta de aire. Todo se va poniendo más oscuro, más oscuro, y más oscuro.
Escucho voces distantes, "Asesino" dice uno, "Violador" dice otra. Las figuras se despiden explotando, cada una más violenta, más colorida. Sus ojos se desorbitan y me limpian el sudor con el cabello.
Nada importa, ya nada importa.
Todo está negro, pero no sé si estoy muerto.
¿Estoy muerto? ¿Acaso estoy muerto?
Siempre fui religioso, siempre creí en la vida después de la muerte, en el perdón de los pecados y todas esas cosas que te decían en la iglesia junto con el pan gratis y el vino. De niño me asustaban las cruces, traté de ser bueno, traté de ser bueno. Pensé que cuando muriera un ejercito de demonios me recibiría. Fui religioso no un santo.
¿Estoy muerto? ¿de verdad estoy muerto?
Escucho voces lejanas, distantes, pero más calmadas, más calladas, más suaves y técnicas.
¿Será el cielo? vaya, fui mejor de lo que pensé, creo que el arrepentimiento está sobre estimado. Creo que Dios sí existe después de todo.
Las voces se escuchan más claras, pero todo sigue negro.
El cielo es extraño, los ángeles hablan de musculatura poco desarrollada y preparar la incisión. Trato de abrir los ojos y veo unas figuras borrosas vestidas ricamente, con overoles. No puedo distinguir bien que hacen, pero de repente siento un pinchazo en la pierna... el pinchazo se vuelve un ardor impresionante y desde mi garganta lastimada por la soga doy un alarido de los que nunca había dado.
Todos se detuvieron en seco y pude ver dónde estaba. No estaba en el cielo. No había sido bueno después de todo.
No, no había muerto. De mi pierna brotaba un chorro profuso de sangre, sangre roja, sangre viva. Estaba acostado en una mesa expuesto como un cadáver de cerdo esperando ser destajado por estudiantes de cirugía
Reviví, resucité.
Sobreviví... ¿cuándo moriré?