miércoles, 17 de octubre de 2007

William Duell

"El cielo sigue azul, igual que ayer" pienso tratando de no bajar la mirada. La brisa fría congelaba mi cuerpo bañado en sudor, y me llenaba de una sensación pacífica, como de esperanza.
Escucho a la multitud, con su voz animal y primitiva, llena de expectancia y excitación; no me atrevo a mirarlos, sé por qué están ahí, y ellos saben a lo que vinieron.
El tiempo pasa lento, los segundos se alargan en pequeñas eternidades. Ya nada más me importa, que todo acabe pronto, no importa nada más.
"El cielo sigue azul... ¿así termina todo?"
Las personas ahora gritan más fuerte, más y más alto hasta que el eco llena la plaza donde estamos reunidos. El ambiente se siente cargado y tenso, lleno de gran emoción.
"Nada ha cambiado" grito, cuando el verdugo abre la escotilla del cadalso.
No he muerto aún, mi cuello no se rompió todavía. Veo figuras extrañas, seres de luz mirándome fijamente y peces que cantan. Creo que es la falta de aire. Todo se va poniendo más oscuro, más oscuro, y más oscuro.
Escucho voces distantes, "Asesino" dice uno, "Violador" dice otra. Las figuras se despiden explotando, cada una más violenta, más colorida. Sus ojos se desorbitan y me limpian el sudor con el cabello.
Nada importa, ya nada importa.
Todo está negro, pero no sé si estoy muerto.
¿Estoy muerto? ¿Acaso estoy muerto?
Siempre fui religioso, siempre creí en la vida después de la muerte, en el perdón de los pecados y todas esas cosas que te decían en la iglesia junto con el pan gratis y el vino. De niño me asustaban las cruces, traté de ser bueno, traté de ser bueno. Pensé que cuando muriera un ejercito de demonios me recibiría. Fui religioso no un santo.
¿Estoy muerto? ¿de verdad estoy muerto?
Escucho voces lejanas, distantes, pero más calmadas, más calladas, más suaves y técnicas.
¿Será el cielo? vaya, fui mejor de lo que pensé, creo que el arrepentimiento está sobre estimado. Creo que Dios sí existe después de todo.
Las voces se escuchan más claras, pero todo sigue negro.
El cielo es extraño, los ángeles hablan de musculatura poco desarrollada y preparar la incisión. Trato de abrir los ojos y veo unas figuras borrosas vestidas ricamente, con overoles. No puedo distinguir bien que hacen, pero de repente siento un pinchazo en la pierna... el pinchazo se vuelve un ardor impresionante y desde mi garganta lastimada por la soga doy un alarido de los que nunca había dado.
Todos se detuvieron en seco y pude ver dónde estaba. No estaba en el cielo. No había sido bueno después de todo.
No, no había muerto. De mi pierna brotaba un chorro profuso de sangre, sangre roja, sangre viva. Estaba acostado en una mesa expuesto como un cadáver de cerdo esperando ser destajado por estudiantes de cirugía
Reviví, resucité.
Sobreviví... ¿cuándo moriré?

1 comentario:

  1. Interesante e intenso! Me gustó.. Por eso soy tu fan #1 hahaha... cuas cuas!

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