No sé si lo sabrán (digo
sabrán, pero yo sé que nadie lee esta mierda en realidad) pero yo comencé este blog con la más seria de las intenciones. Tenía la esperanza de sacar y destilar mis ideas
cuasiartísticas para que luego fueran refinadas y escritas formalmente. Tonto de mí.
En cambio, este blog se convirtió en una manera de sacarlo
todo: ideas, sentimientos, morbos,
stream of consciousness y simplemente cualquier otra cosa que pase por mi cabeza en este momento.
Cuando me di cuenta de ello, lo primero que pensé fue:
Wow, qué fracaso soy. Terminaré escribiendo obituarios de indigentes. Pasé días pensando en ello. Dándole vueltas. Luego, cruzando una calle pensando en cómo criaré a mis futuros hijos con el sueldo de un escritor de
slogans de buhoneros... casi me atropella una moto. Cuando digo casi en realidad fue
casi, es decir, le vi los mocos secos en el bigote de tres pelos del desperdicio de órganos que conducía la moto.
Cuando me dispuse a insultarlo con los epítetos de costumbre (le recordé de que parte de su señora madre había salido) llego una epifanía: Lo dramático de toda situación. Todo es arte. El vendedor de
cd's quemados tiene tanta calidad artística como Van
Gogh y una canción de la
Fania es tan válida como la obra de
Rachmaninoff.
Así que, cuando estén en sus casas rascándose los testículos mientras ven
Miami Ink, no se sientan mal por su vida,
alégrense que eso es también arte.